miércoles, 27 de mayo de 2009

¿Qué se reza en las cuentas adicionales del Rosario?



Muchas veces más de uno se habrá preguntado qué es lo que se reza en las cuentas adicionales del Rosario, aquellas que se hallan fuera del circuito de las cinco decenas y sirven como nexo de unión de éstas con el pequeño crucifijo que cuelga de la corona. En realidad nada hay especialmente prescrito. Lo esencial de esta devoción mariana –la devoción de las devociones– consiste en el rezo de cinco padrenuestros, cincuenta avemarías y cinco gloriapatris distribuidos en cinco series llamadas “decenas”, mientras se contempla uno de los cuatro grupos de misterios aprobados por la Iglesia (gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos). Incluso la salve y las letanías lauretanas son supererogatorias. De modo que para cumplir con alguna penitencia prescrita por el confesor o alguna promesa hecha de rezar el Santo Rosario, basta con rezar las cinco decenas meditando en los misterios correspondientes.

Sin embargo, la piedad popular ha ido añadiendo elementos que han hecho de este ejercicio un auténtico monumento de espiritualidad: invocación al Espíritu Santo, acto de contrición, ofrecimiento, introducción de los misterios mediante breves perícopas de la Sagrada Escritura, jaculatorias, acción de gracias con la salve y oración, letanías lauretanas, oración a San José y preces por las intenciones del Papa para ganar las indulgencias. En ocasiones también se intercalan cantos piadosos. Pero respecto a las cuentas adicionales no hay consenso: hay quienes simplemente las ignoran; otros las utilizan para la devoción de las Tres Avemarías; otros las emplean para jaculatorias, etc. Aquí vamos a proponer un modo sencillo de darles un sentido en consonancia con el significado del Rosario.

La primera cuenta (la que sigue inmediatamente a la medalla que sirve de unión a los cabos del circuito de las decenas) puede dedicarse para pedir al Espíritu Santo, dador de toda gracia, que haga fructificar en nuestros corazones lo que hemos contemplado en los misterios que acabamos de rezar. El grupito de tres cuentas es muy apto para invocar a la Santísima Virgen en sus relaciones peculiares con cada una de las tres Personas de la Santísima Trinidad (que, al fin y al cabo, es lo que nos resume el Rosario, llamado con razón “el Evangelio de María”), pidiéndole nuestra purificación. La última cuenta, la que precede a la crucecita, nos puede servir para unirnos, mediante el gloriapatri, a las alabanzas de Aquella cuya alma inmaculada magnifica al Señor porque ha hecho en Ella maravillas.

A continuación lo exponemos en modo pormenorizado en latín y castellano:

En la primera cuenta mayor:

Spiritus Sancte, Deus, fac in nobis contemplata sic fructificare ut prosint ad salutem animarum nostrarum (Oh Dios Espíritu Santo, haced que lo que hemos contemplado fructifique de tal manera en nosotros que nos aproveche para la salvación de nuestras almas). Pater noster…

En las cuentas menores:

1.- Sancta María, Filia Dei Patris, Virgo purissima et castissima ante partum, tibi offerimus animam nostram cum suis potentiis et rogamus te ut cogitationes nostras purifices (Santa María, Hija de Dios Padre, Virgen purísima y castísima antes del parto, te ofrecemos nuestra alma con sus potencias y te pedimos que purifiques nuestros pensamientos). Ave María.

2.- Sancta María, Mater Dei Filii, Virgo purissima et castissima in partu, tibi offerimus corpus nostrum cum suis sensibus et rogamus te ut verba nostra purifices (Santa María, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima y castísima en del parto, te ofrecemos nuestro cuerpo con sus sentidos y te pedimos que purifiques nuestras palabras). Ave María.

3.- Sancta María, Sponsa Dei Spiritu Sancti, Virgo purissima et castissima post partum, tibi offerimus cor nostrum cum suis affectibus et rogamus te ut opera desideriaque nostra purifices (Sancta María, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima y castísima después del parto, te ofrecemos nuestro corazón con sus afectos y te pedimos que purifiques nuestras obras y deseos). Ave María.

En la segunda cuenta mayor:

Sancta Maria, templum et sacrarium totius Sanctissimae Trinitatis, Mater Dei et Semper Virgo, tecum in coelo Deo mereamur dicere (Santa María, templo y sagrario de la Santísima Trinidad, Madre de Dios y siempre virgen, que merezcamos cantar en el cielo contigo): Gloria Patri…

Estas fórmulas, siendo de pura devoción privada pueden abreviarse o simplemente omitirse, pero rezando el padrenuestro, las avemarías y el gloriapatri con los mismos sentimientos. Insistimos en que se trata de una práctica supererogatoria que nada añade a la integridad esencial del Santo Rosario, pero que puede ayudar a aumentar la piedad cuando se tiene buenamente tiempo.

También se puede alternar la triple invocación a la Virgen que aquí ofrecemos con tres avemarías ofrecidas (sobre todo en los primeros sábados de mes) por la conversión de Rusia, con la jaculatoria: Cor Mariae Immaculatum: esto Russiae salus (Corazón Inmaculado de María, salvad a Rusia).

miércoles, 20 de mayo de 2009

Decenario del Espíritu Santo en preparación de la Festividad de Pentecostés




El día de hoy, Jueves de la Ascensión es cuando comienza el Decenario del Espíritu Santo, hermoso ejercicio de preparación para conmemorar su venida sobre la primera comunidad cristiana, acontecimiento que marca el nacimiento de la Iglesia.

Antes de partir para el Padre, Nuestro Señor Jesucristo aseguró a los suyos que les enviaría el Espíritu Santo como su Paráclito o abogado, que les enseñaría las cosas que sabía por comunicación del Padre y del Hijo y que les daría la fuerza necesaria para continuar adelante con la misión que les encomendaba de ir por todo el mundo y predicar a todas las gentes.

Sabemos que después de la Ascensión los Apóstoles se reunían en el Cenáculo y perseveraban en la oración juntamente con la Santísima Virgen y las santas mujeres. Fue en esta disposición como los encontró el Espíritu Santo el domingo de Pentecostés, cuando derramó su gracia y sus dones sobre ellos. La Iglesia nació, pues, eucarística, orante y mariana.

Acercándose, pues, la gran festividad que es como el cumpleaños de Nuestra Santa Madre Iglesia, preparémonos nosotros también con ese mismo espíritu: de amor a la Eucaristía, de oración y de devoción a la Santísima Virgen. Perseveremos recogiéndonos a menudo en el cenáculo de nuestras iglesias y santuarios que es el tabernáculo; velemos y oremos para no caer en tentación, y confiemos nuestras almas a nuestra Madre del Cielo.

La Virgen es el mejor ejemplo de cómo recibir al Espíritu Santo: basta repasar el hermoso episodio de la Anunciación para tomar ejemplo: humildad, disponibilidad, fe, confianza, entrega. Que se haga en nosotros según la divina voluntad pues somos los esclavos del Señor. Por eso Ella fue llena del Espíritu Santo, que la hizo Su Esposa. Y los efectos se dejaron sentir de inmediato: rebosante del Divino Amor, corrió a ejercer la caridad con su prima Isabel y el primer fruto de su solicitud fue la santificación de San Juan Bautista en el seno materno. La Virgen fue así la primera misionera de la Historia, llevando consigo a la salvación personificada y encarnada en Jesús, el fruto bendito de su vientre.

Hermoso ejemplo para la Iglesia y para nosotros. No podemos pretender grandes acciones apostólicas ni grandes triunfos sin una intensa vida interior, correspondiendo a la gracia que se nos derrama con el Espíritu Santo. Ningún esfuerzo humano, ningún activismo, es capaz por sí mismo de lograr nada: todo es obra del Espíritu y de su gracia, a la cual se debe corresponder, como María, como los Apóstoles.

Con estas reflexiones, invitamos a nuestros lectores a iniciar hoy la hermosa y tradicional devoción del Decenario del Espíritu Santo, para lo cual proponemos los vínculos siguientes:


En ellos se encuentra un ejercicio clásico y exhaustivo, que puede ser de gran provecho espiritual. Al mismo tiempo, recomendamos que en estos días de preparación para el gran domingo de la Pascua Granada o de Pentecostés nos acerquemos más frecuentemente al sagrario para adorar a Jesús en la Eucaristía, redoblemos el rezo del Santísimo Rosario y nos inundemos de un espíritu de oración constante. Como colofón, se encontrará al final de estas líneas una meditación del santo jesuita P. Florentino Alcañiz García (1893-1981) tomada de su libro sobre el Espíritu Santo y las Letanías en latín y castellano en honor de la Tercera Divina Persona, sacadas de la clásica recopilación de ejercicios de piedad Coeleste Palmetum, publicado en 1741.




Práctica de la devoción al Espíritu Santo


1. Pedir al espíritu Santo

Como en el pueblo cristiano hay poca devoción al Espíritu Santo, hay también pocas prácticas de su culto. Si falla el tronco, tienen que fallar ramas y flores. Por eso cada uno habrá de construir las prácticas a su gusto. Esto tiene una ventaja. Lo que pierden en encuadramiento de esquema, lo ganan en espontaneidad, que vale más.

La práctica más “práctica” es el trato frecuente con el Espíritu Santo.

Preguntaba en una misión rural el misionero a un niño: “Oye, niño, ¿tienes amor al Espíritu Santo?” Y contesta él: “Ya ve usted, como tenemos tan poco roce…”. Es verdad: sin “roce” no hay amor. Con el roce salta la electricidad.

PEDIR mucho al Espíritu Santo es la práctica mejor. Con las peticiones vienen enseguida los favores. El espíritu Santo es muy espléndido. Ante favores repetidos no hay corazón que se resista. Rezar poco y pedir mucho.

¿Pero rezar no es pedir? Generalmente no. Lo que se pide rezando pocas veces se consigue; lo que se pide pidiendo se consigue siempre.


2. Culto a la imagen

La devoción al Espíritu Santo es gemela con la del Corazón de Jesús. Por lo cual, las prácticas de ésta pueden servir de buen hilo conductor para aquélla. Tanto más cuanto que el Espíritu Santo es la mano oculta que va preparando prácticas de culto al Corazón divino.

Ahora bien, el culto a la imagen en la devoción al corazón de Jesús ha tenido mucha importancia desde sus orígenes hasta el presente. Y es que el Señor conoce perfectamente la psicología del hombre terrestre. Hoy ciertos elementos quieren proceder de otra manera. Da la impresión de que apuntan no al hombre terrestre, sino a un inquilino de otro planeta. Si es así, no tengo nada que objetar; porque francamente no conozco la psicología de los marcianos ni de otros vecinos suyos. La de los hombres de nuestro orbe la conozco un poco. He dedicado unos treinta años a misiones rurales.

Parece que la Doctora del Carmelo no compartía la opinión de los semi-iconoclastas de hoy, pues escribe:

“Cuando está uno en sequedades es gran regalo ver una imagen de quien con tanta razón amamos…; y yo me deleito mucho; a cada cabo que volviese los ojos la querría ver. ¿En qué mejor cosa, ni más gustosa a la vista, la podemos emplear que en quien tanto nos ama y en quien tiene en sí todos los bienes? Desventurados destos herejes que han perdido por su culpa esta consolación con otras”
(Camino espiritual, c. 34, n.8).

Santa teresa de Jesús, que se pasaba la vida en las cumbres de las séptimas moradas, “sentía gran consuelo y se deleitaba mucho” con las imágenes. Pero por lo visto hoy hay muchos que se pretenden cernirse por alturas de moradas mucho más altas que las de Santa Teresa…

Del Espíritu Santo la Santísima Trinidad ha querido ofrecernos una imagen simbólica, ungida de amabilidad, que es la paloma. Quiero escribir aquí cómo la vio Santa Teresa un día de Pentecostés:

“Estando en esto, veo sobre mi cabeza una paloma, bien diferente de las de acá; porque no tenía estas plumas, sino las alas de unas conchicas, que echaban de sí gran resplandor. Era grande, más que paloma. Paréceme que oía el ruido que hacía con las alas. Estaría aleteando espacio de un avemaría”.

De la paloma del Espíritu Santo hay muchas pinturas; a veces sola, o a veces en grupo con las otras Personas Trinitarias o con la Sagrada Familia. El culto a estas imágenes excitará el amor y atraerá sobre nosotros bendiciones parecidas a las del culto a la imagen del Corazón de Jesús.


3. La consagración

Con la devoción al Corazón de Jesús ha ido abriéndose camino la práctica ascética llamada consagración. Pío XII la condensó en las palabras del Corazón de Jesús al P. hoyos: “Cuida tú de mí y de mis intereses y yo cuidaré de ti y de los tuyos”.

Si en algún campo ascético cae bien la consagración es sin duda en el de la devoción al Espíritu Santo. Éste es casi su propio terreno de sementera. A otros sitios la consagración va llevada; aquí viene caída por su propio peso, dada la trabazón de ambos cultos.

Ocioso es advertir que dicha práctica de la consagración al Espíritu Santo puede aplicarse lo mismo al individuo que a la familia y otras entidades morales o colectivas. De hecho, la primera consagración fue la consagración de la Iglesia en el Cenáculo el día de Pentecostés. ¡Ojalá haya muchos cenáculos con muchos Pentecostés por todo el mundo!

(Tomado del libro El Espíritu Santo, segundo volumen de la colección Destellos Bíblicos del R.P. Florentino Alcañiz García, S.I., doctor y Maestro agregado a la Pontificia Universidad Gregoriana. Publicado en 1965 por las Misionera hijas del Corazón de Jesús.)



Litaniae de Spiritu Sancto

Kyrie, eleison.
Señor, ten piedad.
Kyrie, eleison.
Señor, ten piedad.
Christe, eleison.
Cristo, ten piedad.
Christe, eleison.
Cristo, ten piedad.
Kyrie, eleison.
Señor, ten piedad.
Kyrie, eleison.
Señor, ten piedad.

Spiritus Sancte a Patre Filioque procedens, miserere nobis.
Espíritu Santo, que procedes del Padre y del Hijo, ten misericordia de nosotros.
Spiritus Domini Deus Israel, miserere nobis.
Espíritu del Señor Dios de Israel, ten misericordia de nosotros.
Dominator hominum, miserere nobis.
Dominador de los hombres, ten misericordia de nosotros.
Replens orbem terrarum, miserere nobis.
Tú que llenas el orbe de la Tierra, ten misericordia de nosotros.
Habens omnem virtutem, miserere nobis.
Tú que tienes toda virtud, ten misericordia de nosotros.
Omnia bona operans, et omnia prospiciens, miserere nobis.
Tú que obras todo lo bueno y vigilas sobre todas las cosas, ten misericordia de nosotros.
Ornans caelos, stabilis, et securus, miserere nobis.
Tú que, estable y seguro, adornas los cielos, ten misericordia de nosotros.
Spiritus veritatis omnia suggerens, et distribuens, miserere nobis.
Espíritu de verdad que todo sugieres y distribuyes, ten misericordia de nosotros.
Spiritus sapientiae et intellectus, miserere nobis.
Espíritu de sabiduría e intelecto, ten misericordia de nosotros.
Spiritus consilii, fortitudinis, scientiae, et pietatis, miserere nobis.
Espíritu de consejo, fortaleza, ciencia y piedad, ten misericordia de nosotros.
Spiritus timoris Domini et prudentiae, miserere nobis.
Espíritu de santo temor de Dios y de prudencia, ten misericordia de nosotros.
Spiritus, quo inspirante locuti sunt sancti Dei homines, miserere nobis.
Espíritu, inspirándose en el cual hablaron los hombres de Dios, ten misericordia de nosotros.
Quae ventura annuntias, miserere nobis.
Tú que anuncias lo venidero, ten misericordia de nosotros.
Donum et promissio Patris, miserere nobis.
Don y promesa del Padre, ten misericordia de nosotros.
Spiritus Sancte Paraclite arguens mundum, miserere nobis.
Espíritu Santo Paráclito, que emplazas al mundo, ten misericordia de nosotros.
Spiritus, in quo daemonia eiiciuntur, miserere nobis.
Espíritu en quien los demonios son expulsados, ten misericordia de nosotros.
Spiritus, ex quo renascimur, miserere nobis.
Espíritu del cual renacemos, ten misericordia de nosotros.
Spiritus, per quem caritas Dei diffusa est in cordibus nostris, miserere nobis.
Espíritu por quien la caridad de Dios se difunde en nuestros corazones, ten misericordia de nosotros.
Spiritus adoptionis filiorum Dei, miserere nobis.
Espíritu de adopción de los hijos de Dios, ten misericordia de nosotros.
Spiritus gratiae et misericordiae, miserere nobis.
Espíritu de gracia y de misericordia, ten misericordia de nosotros.
Spiritus adiuvans infirmitatem nostram et reddens testimonium spiritui nostro, quod simus filii Dei, miserere nobis.
Espíritu que nos auxilias en nuestra debilidad y nos das testimonio de que somos hijos de Dios, ten misericordia de nosotros.
Spiritus suavis, benigne, super mel dulcis, miserere nobis.
Espíritu suave, benigno, más dulce que la miel, ten misericordia de nosotros.
Spiritus pignus hereditatis nostrae, deducens nos in terram rectam, miserere nobis.
Espíritu, prenda de nuestra herencia, que nos conduces hacia la tierra llana, ten misericordia de nosotros.
Spiritus principalis, vivificans et confortans, miserere nobis.
Espítitu principal, que vivificas y confortas, ten misericordia de nosotros.
Spiritus salutis, iudicii et gaudii, miserere nobis.
Espíritu de salvación, de juicio y de gozo, ten misericordia de nosotros.
Spiritus fidei, pacis, et ardoris, miserere nobis.
Espíritu de fe, de paz y de fervor, ten misericordia de nosotros.
Spiritus humilitatis, caritatis, et castitatis, miserere nobis.
Espíritu de humilidad, de caridad y de castidad, ten misericordia de nosotros.
Spiritus benignitatis, bonitatis, longanimitatis, ac mansuetudinis, miserere nobis.
Espíritu de benignidad, de bondad, de longanimidad y de mansedumbre, ten misericordia de nosotros.
Spiritus lenitatis, veritatis, unitatis ac consolationis, miserere nobis.
Espíritu de dulzura, de verdad, de unidad y de consuelo, ten misericordia de nosotros.
Spiritus compunctionis, promissionis, renovationis, ac sanctificationis, miserere nobis.
Espíritu de compunción, de promesa, de renovación y de santificación, ten misericordia de nosotros.
Spiritus vitae, patientiae, continentiae, ac modestiae, miserere nobis.
Espíritu de vida, de continencia y de modestia, ten misericordia de nosotros.
Spiritus omnium gratiarum, miserere nobis.
Espíritu de todas las gracias, ten misericordia de nosotros.

Propitius esto, parce nobis Sancte Spiritus.
Senos propicio, perdónanos, Espíritu Santo.
Propitius esto, exaudi nos Sancte Spiritus.
Senos propicio, escúchanos, Espíritu Santo.

A spiritu erroris, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Del espíritu de error, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
A spiritu immundo, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Del espíritu inmundo, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
A spiritu blasphemiae, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Del espíritu de blasfemia, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Ab omni obstinatione et desperatione, libera nos, Spiritus Dei vivi.
De toda obstinación y toda desesperación, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Ab omni praesumptione et veritatis contradictione, libera nos, Spiritus Dei vivi.
De toda presunción y contradicción de la verdad, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Ab omni malitia, et prava consuetudine, libera nos, Spiritus Dei vivi.
De toda malicia y costumbre depravada, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Ab invidia fraternae caritatis, libera nos, Spiritus Dei vivi.
De la envidia de la caridad fraterna, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
A finali impaenitentia, libera nos, Spiritus Dei vivi.
De la impenitencia final, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.

Per aeternam a Patre et Filio processionem tuam, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por tu eterna procesión del Padre y del Hijo, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per invisibilem unctionem tuam, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por tu unicón invisible, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per omnem gratiarum plenitudinem, qua Virginem Mariam semper possedisti, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por toda la plenitud de gracia con la que siempre poseíste a la Virgen María, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per supereffluentem sanctitatis abyssum, qua conceptione Verbi Matrem Dei inundare fecisti, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por el abismo de desbordante santidad con la que hiciste inundar a la Madre de Dios en la concepción del Verbo, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per sanctam in baptismo Christi apparitionem tuam, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por tu santa aparición en el bautismo de Cristo, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per salutarem super apostolos adventum tuum, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por tu venida saludable sobre los Apóstoles, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.
Per ineffabilem bonitatem tuam, qua Ecclesiam gubernas, concilias Praesides, Martyres corroboras, Doctores illuminas, Religiones instituis, libera nos, Spiritus Dei vivi.
Por la inefable bondad con la que gobiernas la Iglesia, reconcilias a los príncipes, fortaleces a los mártires, iluminas a los Doctores e instituyes órdenes religiosas, líbranos, oh Espíritu de Dios vivo.

Peccatores, Te rogamus, audi nos.
Nosotros pecadores, te rogamos, óyenos.
Ut in spiritu ambulemus, et desideria carnis non adimpleamus, Te rogamus, audi nos.
Para que caminemos en el espíritu y no satisfagamos los deseos de la carne, te rogamos, óyenos.
Ut Te numquam contristemus, Te rogamus, audi nos.
Para que nunca te contristemos, te rogamos, óyenos.
Ut omnes Ecclesiasticos Ordines in sancta religione, et vero spiritu conservare digneris, Te rogamus, audi nos.
Para que te dignes conservar a todos los órdenes de la Jerarquía eclesiástica en la santa religión, te rogamos, óyenos.
Ut cuncto populo Christiano cor unum et animam unam donare digneris, Te rogamus, audi nos.
Para que dignes otorgar un solo corazón y una sola ánima a todo el pueblo cristiano, te rogamos, óyenos.
Ut virtutem omnium complementum nobis donare digneris, Te rogamus, audi nos.
Para que te dignes concedernos el complemento de todas las virtudes, te rogamos, óyenos.
Ut nos exaudire digneris, Te rogamus, audi nos.
Para que te dignes escucharnos, te rogamos, óyenos.
Spiritus Dei, Te rogamus, audi nos.
Espíritu de Dios, te rogamos, óyenos.

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, effunde in nos Sanctum Spiritum.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, infunde en nosotros el Espíritu Santo.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, emitte in nos promissum Patris Spiritum.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, envíanos al Espíritu del Padre que nos prometiste.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, da nobis spiritum bonum.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, danos el buen espíritu.

V. Spiritus Domini replevit orbem terrarum.
El espíritu de l Señor ha llenado toda la Tierra.
R. Et hoc, quod continet omnia, scientiam habet vocis.
Y Él, que todo lo contiene, posee la ciencia de la voz.

Oremus. Adsit nobis, quaesumus Domine, virtus Spiritus Sancti: quae et corda nostra clementer expurget, et ab omnibus tueatur adversis. Per Dominum nostrum Iesum Christum filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate eiusdem Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. R. Amen.
Oremos. Asístanos, te rogamos oh señor, la virtud del Espíritu Santo, que purgue clemente nuestros corazones y nos asegure contra todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del mismo Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.


lunes, 18 de mayo de 2009

Los tres días de Rogativas o Letanías Menores




Reseña histórica


En la Iglesia es antigua la costumbre de procesionar invocando la misericordia divina y la intercesión de los santos. En Roma se tenían durante el año las procesiones estacionales cada domingo o fiesta señalada y cada día durante la Cuaresma y la semana de Pascua. El obispo y el clero se reunían el día señalado en una iglesia determinada (llamada ecclesia collecta), donde se rezaba una oración (nuestra actual colecta). Desde allí y con el concurso del pueblo, se dirigían solemnemente a otra iglesia, donde se detenían (de allí el nombre de ecclesia stationalis) para celebrar en ella la misa del oficio del día. Por el trayecto iban cantando unas invocaciones llamadas letanías (del griego litanueo, que significa “suplicar”, “rogar”). Los Kyries del ordinario de la misa son un resto de las letanías procesionales. Aparte de estas procesiones fijas existían otras que se prescribían en ocasión de públicas calamidades o por acuciantes necesidades. Habiéndose perdido hace ya muchos siglos la costumbre de las procesiones estacionales (un resabio de las cuales es la procesión del Domingo de Ramos), la liturgia romana destina cuatro días del año a las procesiones de letanías: el 25 de abril o de Letanías Mayores y los tres días que preceden a la festividad de la Ascensión, llamados de Letanías Menores o de Rogativas.

Las Letanías Mayores en el día del evangelista San Marcos se introdujeron para cristianizar una antigua procesión pagana introducida por el rey Numa Pompilio en el siglo VII a. de J.C., en honor del numen Robigus (de ahí el nombre de Robigalia dado a esta celebración), deidad representativa de la fertilidad, para pedirle abundancia de cosechas. Las Letanías Menores, en cambio, fueron prescritas hacia el año 450 por San Mamerto, obispo de Vienne en el Delfinado, como días de penitencia para conjurar graves tribulaciones que se habían abatido sobre la ciudad y su comarca. Las procesiones penitenciales se fueron repitiendo cada año y se difundieron por todo Occidente, entrando a formar parte del calendario de la Iglesia de Roma. En medio de los gozos pascuales, estos tres días con oficio penitencial (que imponen el morado de los ornamentos) constituyen una pausa muy conveniente para preparar la Ascensión y Pentecostés (recordemos que los Apóstoles “perseveraban en la oración” junto con la Santísima Virgen y las pías mujeres).

Allí donde la procesión sea impracticable por la estrechez del lugar o el peligro o la imposibilidad de salir a la calle es recomendable cantar las Letanías de los Santos delante del Santísimo manifiesto después de la Santa Misa de Rogativas. Donde haya tiempo se pueden preceder del canto de los siete Salmos Penitenciales.


Del Catecismo de San Pío X:

CAPITULO IX

DE LA PROCESIÓN QUE SE HACE EL DÍA DE SAN MARCOS
Y LOS TRES DÍAS DE ROGATIVAS MENORES



80. ¿Qué hace la Iglesia el día de San Marcos y los tres días de Rogativas menores?

El día de San Marcos y los tres días de rogativas menores hace la Iglesia procesiones y rogativas solemnes para aplacar a Dios y hacerle propicio, a fin de que nos perdone los pecados, aparte de nosotros sus castigos, bendiga los frutos de la tierra, que empiezan a aparecer y provea a nuestras necesidades, así espirituales como temporales.

81. ¿Son muy antiguas las procesiones de San Marcos y de las Rogativas?

Las procesiones de San Marcos y de las Rogativas son antiquísimas, y el pueblo solía concurrir a ellas con los pies descalzos, con verdadero espíritu de penitencia y en grandísimo número, dejando toda otra ocupación para asistir a ellas.

82. ¿Qué hacemos en las letanías de los Santos que se cantan en las Rogativas y otras procesiones semejantes?

En las letanías de los Santos:

1° Imploramos misericordia de la Santísima Trinidad, y para ser oídos nos volvemos en particular a Jesucristo con aquellas palabras: Christe, audi nos; Christe, exaudi nos, es decir: Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.

2° Invocamos el patrocinio de la Virgen María, de los Ángeles y Santos del cielo, diciéndoles: orate pro nobis; rogad por nosotros.

3° Nos dirigimos de nuevo a Jesucristo y le pedimos, por todo lo que ha hecho. por nuestra salvación, que nos libre de todos los males, y principalmente del pecado, diciéndole: libera nos, Dómine; líbranos, oh Señor.

4° Le pedimos el don de una verdadera penitencia y la gracia de perseverar en su santo servicio, y le rogamos por todos los órdenes de la Iglesia y por la unión y felicidad de todo el pueblo de Dios, diciendo: te rogamus, audi nos; ,óyenos, Señor, te lo rogamos.

5° Terminamos con la palabra con que empezamos, implorando la misericordia de Dios, diciéndole de nuevo Kyrie eléison, etc.; Señor, ten piedad de nosotros, etc.

83. ¿Cómo hemos de concurrir a las procesiones?

Hemos de concurrir a las procesiones:

1° con buen orden y con verdadero espíritu de penitencia y oración, cantando despacio y con piedad lo que canta la Iglesia o, si no lo sabemos, uniéndonos con el corazón y rezando en .particular;

2° con modestia y recogimiento, no mirando acá ni acullá ni hablando a nadie sin necesidad;

3° con verdadera confianza de que Dios atenderá a nuestros gemidos y oraciones en común y nos otorgará lo que es necesario, así para el alma como para el cuerpo.

84. ¿Por qué en las procesiones se lleva delante la Cruz?

En las procesiones se lleva delante la Cruz para enseñarnos que siempre hemos de tener delante de los ojos a Jesucristo crucificado, a fin de regular según sus ejemplos nuestra vida y acciones e imitarle en su Pasión, sufriendo con paciencia las penalidades que nos afligen.


miércoles, 13 de mayo de 2009

Las oraciones de Fátima




En el transcurso de las apariciones que tuvieron lugar en Fátima, se les enseñaron a los tres niños videntes cinco oraciones únicas y poderosas, dos de ellas por el Ángel de la Paz y las otras tres por la Madre de Dios. Posteriormente, Nuestro Señor Jesucristo se le apareció a Sor Lucía en Rianjo, España, y le dictó dos oraciones más. En este 13 de mayo, en un nuevo aniversario de la primera aparición de la Santísima Virgen a Lucía y a los beatos Jacinta y Francisco, ofrecemos estas siete oraciones junto con otra que nos ha parecido muy conveniente publicar, esperando que sean de gran provecho espiritual a nuestros lectores.

Profundamente postrados se recita tres veces la siguiente deprecación:

Dios mío, yo creo, yo adoro, yo espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, ni os aman.


La plegaria que se halla a continuación puede servir tanto para ofrecer la Santa Misa como el Santo Rosario, así como al inicio de la visita al Santísimo Sacramento:



Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente, y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido, y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y los Dolores de Vuestra Inmaculada Madre, os pido la conversión de los pobres pecadores.


La siguiente oración no pertenece a las que el Ángel de Fátima enseñó a los tres pastorcitos, sino que se halla en un devocionario cordimariano publicado por la claretiana Editorial Coculsa en los años cuarenta. Se incluye por parecernos preciosa y muy apta para recitarla después de la anterior como ofrecimiento del Santo Rosario:

Y Vos, oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que en Fátima os habéis querido llamar con el dulce nombre del Rosario, dignaos aceptar esta dulcísima devoción que vamos a rezar, según los deseos que habéis manifestado, con la intención de honraros, de haceros compañía y de reparar los ultrajes con que los impíos y malos cristianos hieren vuestro amante Corazón. Dignaos, Madre querida, cumplir vuestra promesa de asistirnos todos los días de nuestra vida y sobre todo en la hora de la muerte con las gracias necesarias para la eterna salvación de nuestras almas. Así sea.


Al final de cada misterio del Santo Rosario, después del Gloria Patri, dígase:

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

En latín:

O mi Iesu, peccata nostra dimitte nobis, ab igne inferni defende nos; perduc in coelum ómnium ánimas, eorum imprímis qui máxime misericordia Tua índigent.


Jaculatoria latréutica:

¡Oh, Santísima Trinidad!, os adoro. Señor mío y Dios mío, os amo en el Santísimo Sacramento.


Plegaria de ofrecimiento de mortificaciones y sacrificios:

¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!

Dos preces por la conversión de Rusia y del mundo:


Dulce Corazón de María, sed la salvación de Rusia, de España y de Portugal, de Europa y del mundo entero.

Por vuestra pura e Inmaculada Concepción, oh María, alcanzadme la conversión de Rusia, de España, de Portugal, de Europa y del mundo entero.





viernes, 8 de mayo de 2009

8 de Mayo: Aparición del Arcángel San Miguel en el Monte Gargano



La misa del 8 de mayo en honor a la Aparición del Arcángel San Miguel en el Monte Gargano es otra de las ilustres víctimas de la primera poda que sufrió el Misal Romano ya antes de las reformas post-conciliares. El nuevo código de rúbricas de Juan XXIII la relegó al apartado de las misas pro aliquibus locis al igual que la misa de la Invención de la Cruz (3 de mayo) y la de San Juan ante Portam Latinam (6 de mayo), que abrían espléndidamente el mes de las flores. El motivo era la duplicación de fiestas de un mismo titular. El Arcángel San Miguel, en efecto, es conmemorado también el 29 de septiembre. Sin embargo, mientras esta fiesta recuerda también a todos los espíritus angélicos, la de hoy era peculiar del gran príncipe de las huestes celestiales, habiendo sido extendida a la Iglesia universal por san Pío V.

La aparición a la que se refiere la calenda de hoy tuvo lugar en el año 490 en el sur de Italia, más precisamente en el monte Gargano, importante macizo que forma un promontorio en la región de Apulia a orillas del Adriático (se lo conoce como la espuela de la bota de Italia). Un vecino de Siponte había perdido un preciado ejemplar de su rebaño de toros y al buscarlo reparó que el animal estaba en la entrada de una cueva. Disparó hacia él una flecha para espantarlo y que volviera, pero el dardo dio una vuelta y retornó hacia el ganadero, el cual, asombrado, fue a contar el episodio al obispo. Éste dispuso tres días de ayuno y plegarias y acudió a la cueva. Mientras rezaba fuera de ella se le apareció un espíritu que se presentó como el Arcángel San Miguel, “el que asiste permanentemente en la presencia de Dios”. Indicó al obispo que deseaba que se le edificase una iglesia en esa cueva.

El prelado dudaba y en esta sazón el pueblo se vio amenazado por la invasión de los bárbaros. San Miguel volvió a aparecerse al obispo y le aseguró que no había nada que temer si había fe sincera y firme, prometiendo conjurar el peligro, como así fue, pues los invasores se retiraron. Aun así continuó el obispo con sus vacilaciones y decidió acudir al Papa, yendo a Roma, donde le expuso el caso. El Sumo Pontífice le prescribió lo mismo que él había dispuesto la primera vez que oyó la historia: tres días de ayuno y de oración ante la cueva, lo cual fue puesto en práctica. El santo Arcángel se manifestó por tercera vez y en esta ocasión de manera inequívoca. Dijo al obispo que no era necesario ya que consagrase la cueva pues ya había quedado santificada con la presencia angélica. Al penetrar en su interior, vio con asombro un espléndido altar revestido de rojo mantel y con una cruz de cristal. A la entrada había impresa la huella milagrosa de un pie, como queriendo atestiguar la sobrenatural visita.

El Santuario de San Miguel en el Monte Gargano se convirtió en una importante meta de peregrinación y contribuyó a la difusión de la devoción al Arcángel y tuvo ecos en otros lugares de la Cristiandad. En Roma, por ejemplo, cien años después de la aparición en el Gargano, el papa San Gregorio I atajó la peste que se había declarado mediante la invocación de San Miguel, a quien había visto en lo alto del mausoleo de Adriano blandiendo una espada. En la Edad Media el lugar se convirtió en fortaleza: el famoso e inexpugnable Castel Sant’Angelo. En el siglo VIII, el obispo de Avranches en Normandía hizo construir un santuario después de tener por tres veces (como en el monte Gargano) la visita de San Miguel. También fue escogido un promontorio: el que se alza frente a la costa normando-bretona y se convierte en isla debido al fenómeno de la pleamar, llevando el célebre nombre de Mont Saint-Michel, que alberga todavía hoy una magnífica abadía con su imponente castillo. El monte Gargano fue aún escenario de prodigios al aparecerse nuevamente el Arcángel para detener una terrible plaga desatada en 1656. Foco de gran espiritualidad, no es casual que en sus proximidades se erija el convento de San Giovanni Rotondo, donde se santificó el Padre Pío de Pietrelcina.

Como obsequio espiritual en este día, ofrecemos las letanías de San Miguel Arcángel en latín y castellano, así como el texto latino de la misa de la festividad. Hoy, además, encomendemos al gran Príncipe de las huestes celestes la peregrinación a Tierra Santa de Benedicto XVI. ¿No es significativo que la emprenda precisamente hoy, cuando se conmemora al que era el protector del pueblo elegido y lo es hoy también de la Iglesia?



LETANÍAS DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL


Kyrie, eleison.
(Señor, ten piedad)
Christe, eleison.
(Cristo, ten piedad)
Kyrie, eleison.
(Señor, ten piedad)
Christe, audi nos.
(Cristo, óyenos)
Christe, exaudi nos
(Cristo, escúchanos)
Pater de caelis Deus, miserere nobis.
(Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros)
Fili Redemptor mundi, Deus, miserere nobis.
(Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros)
Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis.
(Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros)
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis.
(Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros)

Sancta Maria, Regina Angelorum, ora pro nobis.
(Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros)

Sancte Michael Archangele, ora pro nobis.
(San Miguel Arcángel, ruega por nosotros)
Sancte Michael, sapientiae divinae fons abundans, ora pro nobis.
(San Miguel, fuente abundante de la sabiduría divina, ruega por nosotros)
Sancte Michael, divini Verbi adorator perfectissime, ora pro nobis.
(San Miguel, adorador pefectísimo del Verbo Divino, ruega por nosotros)
Sancte Michael, quem gloria et honore Deus coronavit, ora pro nobis.
(San Miguel, a quien coronó Dios de gloria y honor, ruega por nosotros)
Sancte Michael, caelestis exercitus princeps potentissime, ora pro nobis.
(San Miguel, príncipe poderosísimo del ejército celestial, ruega por nosotros)
Sancte Michael, Trinitatis sanctissimae signifer, ora pro nobis.
(San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros)
Sancte Michael, paradisi custos, ora pro nobis.
(San Miguel, guardián del Paraíso, ruega por nosotros)
Sancte Michael, dux et consolator populi Dei, ora pro nobis.
(San Miguel, caudillo y consolador del pueblo de Dios)
Sancte Michael, splendor et fortitudo militantis Ecclesiae, ora pro nobis.
(San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros)
Sancte Michael, confortator prgantis Ecclesiae, ora pro nobis.
(San Miguel, confortador de la Iglesia purgante, ruega por nosotros)
Sancte Michael, honor et gaudium triumphantis Ecclesiae, ora pro nobis.
(San Miguel, honor y gozo de la Iglesia triunfante, ruega por nosotros)
Sancte Michael, lumen Angelorum, ora pro nobis.
(San Miguel, lumbrera de los Ángeles, ruega por nosotros)
Sancte Michael, praesidium orthodoxi populi, ora pro nobis.
(San Miguel, asilo del pueblo ortodoxo, ruega por nosotros)
Sancte Michael, sub signo Crucis militantium fortitudo, ora pro nobis.
(San Miguel, fortaleza de los que militan bajo el signo de la Cruz, ruega por nosotros)
Sancte Michael, lux et spes animarum in agone mortis, ora pro nobis
(San Miguel, luz y esperanza de las almas que están en agonía, ruega por nosotros)
Sancte Michael, auxilium tutissimum, ora pro nobis.
San Miguel, auxilio segurísimo, ruega por nosotros)
Sancte Michael, in adversitatibus nostris adiutorium, ora pro nobis.
(San Miguel, ayuda en nuestras adversidades, ruega por nosotros)
Sancte Michael, aeternarum sententiarum proclamator, ora pro nobis.
(San Miguel, proclamador de las sentencias eternas, ruega por nosotros)
Sancte Michael, consolator animarum in purgatorio languentium, ora pro nobis.
(San miguel, consolador de las almas del Purgatorio, ruega por nosotros)
Sancte Michael, animas electorum post mortem suscipiens, ora pro nobis.
(San Miguel, que recibes las almas de los elegidos cuando mueren, ruega por nosotros)
Sancte Michael, princeps noster, ora pro nobis.
(San Miguel, nuestro príncipe, ruega por nosotros)
Sancte Michael, defensor noster, ora pro nobis.
(San Miguel, defensor nuestro, ruega por nosotros)

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine.
(Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor)
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine.
(Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor)
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
(Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros)

V. Ora pro nobis, Sancte Michael Archangele.
(Ruega por nosotros, San Miguel Arcángel)
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.
(Para que seamos dignos de las promesas de Cristo)

Oremus. Domine Iesu Christe, benedictione perpetua sanctifica nos, et concede, per intercessionem sancti Michaelis illam sapientiam quae doceat nos thesaurizare thesaurum in caelis, et pro temporalibus, aeterna bona eligere. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. R. Amen
(Oremos. Señor Jesucristo, santifícanos con tu perpetua bendición y concédenos por intercesión de San Miguel aquella sabiduría que nos enseñe a acumular tesoros en el cielo y, en las cosas temporales, elegir los bienes eternos. Que vives y reinas por los siglos de los siglos, R. Amén.)





IN APPARITIONE SANCTI MICHAELIS ARCHANGELI


Introitus


(Ps. CII, 20) BENEDÍCITE Dóminum, omnes Angeli ejus: poténtes virtúte, qui fácitis verbum ejus, ad audiéndam vocem sermónum ejus, allelúja, allelúja. (Ps. ibid., 1) Bénedic, ánima mea, Dómino: et ómnia, quae intra me sunt, nómini sancto ejus. V. Glória Patri… R. Amen.

Oratio

DEUS, qui, miro órdine, Angelórum ministéria hominúmque dispénsas: concéde propítius ; ut, a quibus tibi ministrántibus in caelo semper assístitur, ab his in terra vita nostra muniátur. Per Dóminum… R. Amen.


Epistola

Léctio libri Apocalýpsis beáti Joánnis Apóstoli (Apoc. I, 1-5). IN diébus illis: Significávit Deus quae opórtet fíeri cito, mittens per Angelum suum servo suo Joánni, qui testimónium perhíbuit verbo Dei, et testimónium Jesu Christi, quaecúmque vidit. Beátus qui legit et audit verba prophetíae hujus: et servat ea, quae in ea scripta sunt: tempus enim prope est. Joánnes septem ecclésiis, quae sunt in Asia. Grátia vobis, et pax ab eo, qui est, et qui erat, et qui ventúrus est: et a septem spirítibus, qui in conspéctu throni ejus sunt: et a Jesu Christo, qui est testis fidélis, primogénitus mortuórum, et princeps regum terrae, qui diléxit nos, et lavit nos a peccátis nostris in sánguine suo.


Allelúja , allelúja. V. Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in praélio: ut non pereámus in treméndo judício. Allelúja. V. Concússum est mare, et contrémuit terra, ubi Archángelus Míchaël descéndit de caelo. Allelúja.


Evangelium

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthaéum (Matth. XVIII, 1-10). IN illo témpore: Accessérunt discípuli ad Jesum, dicéntes: Quis, putas, major est in regno caelórum ? Et ádvocans Jesus párvulum státuit eum in médio eórum, et dixit: Amen dico vobis, nisi convérsi fuéritis, et efficiámini sicut párvuli, non intrábitis in regnum caelórum. Quicúmque ergo humiliáverit se sicut párvulus iste, hic est major in regno caelórum. Et qui suscéperit unum párvulum talem in nómine meo, me súscipit. Qui autem scandalizáverit unum de pusíllis istis, qui in me credunt, éxpedit ei ut suspendátur mola asinária in collo ejus, et demergátur in profúndum maris. Vae mundo a scándalis. Necésse est enim ut véniant scándala: verúmtamen vae hómini illi, per quem scándalum venit. Si autem manus tua, vel pes tuus scandalízat te, abscíde eum, et prójice abs te: bonum tibi est ad vitam íngredi débilem, vel claudum, quam duas manus, vel duos pedes habéntem, mitti in ignem aetérnum. Et si óculus tuus scandalízat te, érue eum, et prójice abs te: bonum tibi est cum uno óculo in vitam intráre, quam duos óculos habéntem mitti in gehénnam ignis. Vidéte ne contemnátis unum ex his pusíllis: dico enim vobis quia Angeli eórum in caelis semper vident fáciem Patris mei, qui in caelis est. Credo.

Offertorium

(Apoc. VIII, 3 et 4) Stetit Angelus juxta aram templi, habens thuríbulum áureum in manu sua, et data sunt ei incénsa multa: et ascéndit fumus arómatum in conspéctu Dei, allelúja.


Secreta

HÓSTIAS tibi, Dómine, laudis offérimus, supplíciter deprecántes: ut eásdem, angélico pro nobis interveniénte suffrágio, et placátus accípias, et ad salútem nostram proveníre concédas. Per Dóminum… R. Amen.


Communio

(Dan. III, 58) Benedícite, omnes Angeli Dómini, Dóminum: hymnum dícite, et superexaltáte eum in saécula, allelúja.



Postcommunio

BEÁTI Archángeli tui Michaélis intercessióne suffúlti: súpplices te, Dómine, deprecámur ; ut, quod ore proséquimur, contingámus et mente. Per Dóminum… R. Amen.







jueves, 30 de abril de 2009

Hoy como ayer, María es nuestra esperanza: comenzando el Mes de Mayo






CARTA ENCÍCLICA MENSE MAIO
DE SU SANTIDADPABLO VI


POR LA QUE SE INVITA A REZAR A LA VIRGEN MARIA EN EL PRÓXIMO MES DE MAYO

A los Venerables Hermanos, Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos, y demás Ordinarios de lugar en paz y comunión con la Sede Apostólica.

Venerables Hermanos:

Al acercarse el mes de mayo, consagrado por la piedad de los fieles a María Santísima, se llena de gozo Nuestro ánimo con el pensamiento del conmovedor espectáculo de fe y de amor que dentro de poco se ofrecerá en todas partes de la tierra en honor de la Reina del Cielo. En efecto, el mes de mayo es el mes en el que los templos y en las casas particulares sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de su veneración. Y es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina misericordia.

Nos es por tanto muy grata y consoladora esta práctica tan honrosa para la Virgen y tan rica de frutos espirituales para el pueblo cristiano. Porque María es siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de terminar en un encuentro con Cristo mismo. ¿Y qué otra cosa significa el continuo recurso a María sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres en los desalientos y peligros de aquí abajo tienen el deber y experimentan sin cesar la necesidad de dirigirse como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?

Precisamente porque el mes de mayo nos trae esta poderosa llamada a una oración más intensa y confiada, y porque en él nuestras súplicas encuentran más fácil acceso al corazón misericordioso de la Virgen, fue tan querida a Nuestros Predecesores la costumbre de escoger este mes consagrado a María para invitar al pueblo cristiano a oraciones públicas siempre que lo requiriesen las necesidades de la Iglesia o que algún peligro inminente amenazase al mundo. Y Nos también, Venerables Hermanos, sentimos este año la necesidad de dirigir una invitación semejante al mundo católico. Si consideramos, en efecto, las necesidades presentes de la Iglesia y las condiciones en las que se encuentra la paz del mundo, tenemos serios motivos para creer que esta hora es particularmente grave y que urge más que nunca hacer una llamada a un coro de oraciones de todo el pueblo cristiano.

El primer motivo de este llamada Nos lo sugiere el momento histórico que atraviesa la Iglesia en este período del Concilio Ecuménico. Acontecimiento grande éste, que plantea a la Iglesia el enorme problema de su conveniente "aggiornamento" y de cuyo feliz resultado dependerá durante largo tiempo el porvenir de la Esposa de Cristo y la suerte de tantas almas. Aunque es verdad que gran parte del trabajo se ha realizado ya felizmente, os aguardan todavía en la próxima Sesión, que será la última, graves tareas. Seguirá después la fase no menos importante de la actuación práctica de las decisiones conciliares que requerirá además el esfuerzo conjunto del Clero y de los fieles para que las semillas sembradas durante el Concilio pueden alcanzar su efectivo y benéfico desarrollo. Para obtener las luces y las bendiciones divinas sobre este cúmulo de trabajo que nos aguarda, Nos colocamos nuestra esperanza en Aquella a quien hemos tenido la alegría de proclamar en la pasada Sesión Madre de la Iglesia. Ella. que nos ha prodigado su amorosa asistencia desde el principio del Concilio, no dejará ciertamente de continuarla hasta la fase final de los trabajos.

El otro motivo de nuestra llamada lo constituye la situación internacional, la cual, como bien sabéis, Venerables Hermanos, es más oscura e incierta que nunca, ya que nuevas y graves amenazas ponen en peligro el supremo bien de la paz del mundo. Como si nos hubiesen enseñado nada las trágicas experiencias de los dos conflictos que han ensangrentado la primera mitad de nuestro siglo, asistimos hoy al temible agudizarse de los antagonismos entre pueblos de algunas partes del globo y vemos repetirse el peligroso fenómeno del recurso a la fuerza de las armas y no a las negociaciones, para resolver las cuestiones que enfrentan las partes contendientes. Esto trae como consecuencia que pueblos de Naciones enteras estés sometidos a sufrimientos indecibles causados por las agitaciones, las guerrillas, las acciones bélicas que se van extendiendo e intensificando cada vez más y que podrían constituir de un momento a otro la chispa de un nuevo y horroroso conflicto.

Frente a estos graves peligros de la vida internacional, Nos, conscientes de Nuestros deberes de Pastor supremo, creemos necesario dar a conocer nuestras preocupaciones y el temor de que estas discordias se exacerben hasta el punto de degenerar en un conflicto sangriento. Suplicamos por tanto a los responsables de la vida pública que no permanezcan sordos a la inspiración unánime de la humanidad que quiere la paz. Que hagan cuanto está en su poder para salvar la paz amenazada. Que sigan promoviendo y favoreciendo los coloquios y negociaciones en todos los niveles y en todas las ocasiones para detener el peligroso recurso a la fuerza con todas sus tristísimas consecuencias materiales, espirituales y morales. Que se trate de determinar según las normas trazadas por el derecho, de verdadero anhelo de justicia y de paz para estimularlo y llevarlo a la práctica y que se confíe todo acto leal de buena voluntad, de modo que la causa positiva del orden prevalezca sobre el desorden y la ruina.

Desgraciadamente, en esta dolorosa situación debemos constatar con grande amargura que con mucha frecuencia se olvida el respeto debido al carácter sagrado e inviolable de la vida humana y se recurre a sistemas y actitudes que están en abierta oposición con el sentido moral y con las costumbres de un pueblo civilizado. A este respecto, no podemos menos de elevar nuestra voz en defensa de la dignidad humana y la civilización cristiana, para deplorar los actos de guerrilla, de terrorismo, la captura de rehenes, las represalias contra las poblaciones inermes. Delitos estos que, mientras hacen retroceder el progreso del sentido de lo justo y de lo humano, irritan cada vez más los ánimos de los contendientes y pueden obstruir los caminos todavía accesibles a la buena voluntad, o hacer al menos cada vez más difíciles las negociaciones que, si son francas y leales, deberían conducir a un razonable acuerdo.

Esta nuestra preocupación, como vosotros bien sabéis, Venerables Hermanos, está dictada no por intereses particulares, sino únicamente por el deseo de la defensa de cuantos sufren y del verdadero bien de todos los pueblos. Y nos abrigamos la esperanza de que la conciencia de la propia responsabilidad delante de Dios y delante de la historia, tenga fuerza suficiente para inducir a los Gobiernos a proseguir en su generoso esfuerzo para salvaguardar la paz y remover cuanto es posible los obstáculos reales y psicológicos que se interponen a un seguro y sincero entendimiento.

Pero la paz, Venerables Hermanos, no es solamente un producto nuestro humano, sino que es también, y sobre todo, un don de Dios. La paz desciende del Cielo; y reinará realmente entre los hombres, cuando finalmente hayamos merecido que nos la conceda el Señor Omnipotente, el cual, juntamente con la felicidad y la suerte de los pueblos, tiene también en sus manos los corazones de los hombres. Por esta razón, Nos procuraremos alcanzar este insuperable bien orando; orando con constancia y diligencia, como ha hecho siempre la Iglesia desde los primeros tiempos; orando de modo particular con el recurso a la intercesión y a la protección de la Virgen María que es la Reina de la paz.

A María, pues, Venerables Hermanos, se eleven en este mes mariano nuestras súplicas para implorar con crecido fervor y confianza sus gracias y favores. Y si las grandes culpas de los hombres pesan sobre la balanza de la justicia de Dios, y provocan su justo castigo, sabemos también que el Señor es el «Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación» (II Cor I, 3) y que María Santísima ha sido constituida por El administradora y dispensadora generosa de los tesoros de su misericordia. Que Ella, que ha conocido las penas y las tribulaciones de aquí abajo, la fatiga del trabajo cotidiano, las incomodidades y las estrecheces de la pobreza, los dolores del calvario, socorra, pues, las necesidades de la Iglesia y del mundo, escuche benignamente las invocaciones de paz que a Ella se elevan desde todas partes de la tierra, ilumine a los que rigen los destinos de los pueblos y obtenga de Dios, que domina los vientos y las tempestades, la calma también en las tormentas de los corazones que luchan entre sí, y «det nobis pacem in diebus nostris», la paz verdadera, la que se funda sobre las bases sólidas y duraderas de la justicia y del amor; justicia al más débil no menos que al más fuerte, amor que mantenga lejos los extravíos del egoísmo, de modo que la salvaguardia de los derechos de cada uno no degenere en olvido o negación del derecho de los otros.

Vosotros, pues, Venerables Hermanos, de la manera que creáis más conveniente, dad a conocer a vuestros fieles estos Nuestros deseos y exhortaciones y procurad que durante el próximo mes de mayo se promuevan en cada una de las Diócesis y cada una de las parroquias especiales oraciones y que particularmente se dedique la fiesta consagrada a María Reina, el 31 de mayo, a una solemne y pública súplica por los fines indicados. Sabed que Nos contamos de un modo especial con las oraciones de los inocentes y de los que sufren, puesto que son estas voces las que más que otras cualesquiera, penetran los cielos y desarman la justicia divina. Y ya que se ofrece esta oportuna ocasión no dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Rosario, la oración tan querida a la Virgen y tan recomendada por los Sumos Pontífices, por medio de la cual los fieles pueden cumplir de la manera más suave y eficaz el mandato del Divino Maestro: «Petite et dabitur vobis, quaerite et invenietis, pulsate et aperietur vobis» (Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y os abrirán) (Mt.7,7).

Con estos sentimientos y con la esperanza de que nuestra exhortación encuentre prontos y dóciles los ánimos de todos, a vosotros, Venerables Hermanos, y a todos vuestros fieles, impartimos de corazón la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 29 de abril de 1965, segundo año de Nuestro Pontificado.

PABLO VI




Han pasado más de cuatro décadas desde la publicación de este documento, pero la situación de la Iglesia y el mundo vuelve a hacer urgente el recurso a la Santísima Virgen con especiales plegarias en el mes de mayo que comienza mañana. Lo que el papa Montini dijo entonces, puede, mutatis mutandis, repetirse hoy. Benedicto XVI ha señalado claramente que el concilio Vaticano II es parte del magisterio de la Iglesia y que el "conveniente aggiornamento" que propuso debe llevarse a cabo según una hermenéutica de continuidad con la Tradición. En cuanto al panorama mundial, la inseguridad y la crisis son los dos flagelos que azotan a la humanidad, inmersa en un olvido general de fe y de valores. Al releer la encíclica de Pablo VI no podemos evitar pensar en las palabras de la Sagrada Escritura: "Nihil novum sub sole" (No hay nada nuevo bajo el sol). Pero lo que podría dar pie al pesimismo, es iluminado por la promesa de Aquella que dijo en Fátima: "Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará". A Ella encomendémonos en el entrañable mes de las flores con el homenaje del ramillete de nuestras ofrendas espirituales.



viernes, 3 de abril de 2009

Viernes de Pasión: los siete Dolores de la Santísima Virgen María


La devoción a los Dolores de la Santísima Virgen es muy antigua en la Iglesia. Algunos Padres antiguos evocaron los padecimientos de María durante la Pasión de su Divino Hijo, particularmente san Efrén Siro (en su Lamentatio Mariae) y san Agustín. El papa Sixto III (432-440), al consagrar la nueva Basílica Liberiana (Santa María la Mayor) , la dedicó a la Madre de Dios (Theotokós), celebrada bajo el peculiar título de Regina martyrum, la Reina de los Mártires, porque si alguien sufrió indecible martirio (aunque sin derramamiento de sangre) Ésa fue sin duda la mártir entre los mártires: la Madre del Mártir del Calvario.

En la Edad Media, San Bernardo también evocó en sus escritos los Dolores de la Virgen, pero la devoción a ellos se verá impulsada poderosamente por la Orden de los Siervos de María (Servitas), fundada en la basílica de la Santissima Annunziata de Florencia, por los Siete Varones en 1233. Tras un breve período de vida eremítica en el monte Senario, la primera comunidad se abrió también a la vida apostólica, difundiéndose por la Toscana. Por la época del II Concilio de Lyon (1274) su miembro más conspicuo, san Felipe Benicio (que había renunciado al Papado tras ser elegido para ocupar el solio de Pedro) salvó a la orden de la extinción que la amenazó debido a problemas de índole canónica. Finalmente los Servitas obtuvieron la aprobación pontificia del papa Benedicto XI en 1304.

Propia de esta orden –reconocida como mendicante en 1424 por Martín V– es la devoción de la corona dolorosa o septenario de los Siete Dolores de la Santísima Virgen, que se rezan mediante un rosario compuesto por siete septenas de siete cuentas cada una, separadas por medallas que representan cada una uno de los siete dolores. En lugar del pequeño crucifijo de la corona dominica, la corona servita lleva una medalla que representa la imagen de la Virgen Dolorosa en el anverso y la escena del Clavario en el reverso. Así pues, el Septenario consta de 7 padrenuestros y cuarenta y nueve avemarías, a los que suele añadirse una Salve y el Pater, Ave y Credo por las intenciones del Romano Pontífice. Se completa con las Letanías de Dolores, aprobadas en 1809 por Pío VII, aunque para uso privado, no constando entre las auténticas y públicas, consignadas en el Rituale Romanum y en el suplemento del Breviario.

No hay que confundir el Septenario de Dolores de los Servitas con la corona dolorosa de los Franciscanos, que se reza sobre el rosario seráfico los días de penitencia y durante la cuaresma en las órdenes que siguen la regla del Poverello de Asís. El rosario seráfico está compuesto por siete decenas y sirve tanto para la devoción de los Siete Gozos como para la de los Siete Dolores, aunque en este último caso, a diferencia de los servitas, la corona se compone de 7 padrenuestros y setenta avemarías (más dos suplementarias para completar el número de años que se cree que la Santísima Virgen vivió sobre la Tierra). La corona del Septenario Servita ha de ser bendecida por un sacerdote de la orden, que también es el único facultado para bendecir el escapulario negro o escapulario de la Dolorosa. La sede de los Servitas se halla en la iglesia romana de San Marcelo en el Corso.

Existen en el calendario litúrgico dos festividades dedicadas a los Siete Dolores de la Santísima Virgen: la primera es la de hoy, el Viernes de Pasión, llamado también Viernes de Dolores; la segunda es el 15 de septiembre, día en que se conmemoran los Dolores Gloriosos de Nuestra Señora. Ambas fiestas comenzaron a propagarse ampliamente en el siglo XVII, aunque la primera ya era muy popular en plena época del Renacimiento. La segunda fue extendida a la Iglesia universal por el papa Pío VII en 1815, para conmemorar su liberación de la cautividad napoléonica. La duplicación de la misma advocación llevó recientemente a la supresión de la del Viernes de Dolores, pero se mantiene allí donde hay una devoción arraigada. En el formulario de la misa se halla la bellísima secuencia Stabat Mater, atribuida al franciscano espiritual fra Iacopone da Todi († 1306) y que ha sido fuente de inspiración de magníficas composiciones musicales, como las de Scarlatti, Vivaldi, Pergolesi y Rossini.

La consideración de los Siete dolores de la Virgen debe llevarnos a confiar en Nuestra Madre del Cielo como solidaria de las penas y aflicciones de sus hijos. Ella como ninguna sufrió terriblemente en su Inmaculado Corazón durante la Pasión de Jesús. Por eso nadie mejor que la Madre Dolorosa para comprender a los que sufrimos en este valle de lágrimas. Ella conforta a las madres que padecen por sus hijos y a los hijos que pasan por enfermedades y desgracias. Miremos hacia su corazón dolorido y atravesado, según la profecía de Simeón y saquemos fuerza de él para sobrellevar con cristiana paciencia las penalidades de esta vida, a fin de merecer la gloria del Paraíso.





Septenario de los Dolores de la Santísima Virgen


Por la señal…

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico vuestro perdón y, por medio de vuestra gracia, concededme ser verdaderamente merecedor de vuestro divino amor, por los méritos de vuestra Pasión y Muerte y por los dolores de vuestra Madre Santísima. Amén.

Ofrecimiento: Virgen Inmaculada, madre de Piedad, llena de aflicción y amargura, os suplico ilustréis mi entendimiento y encendáis mi voluntad para que con espíritu fervoroso contemple vuestros santos dolores y pueda conseguir las gracias prometidas a los que reflexionen sobre vuestros sufrimientos. Amén.


Primer Dolor
La profecía de Simeón

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis con el anuncio de Simeón cuando dijo que vuestro corazón sería el blanco de la Pasión de vuestro Hijo. Haced, Madre Mía, que sienta en mi interior la Pasión de vuestro Hijo y haga míos vuestros dolores.

Pater y siete Avemarías


V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Segundo Dolor
La persecución de Herodes y la huida de la Sagrada Familia a Egipto

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis en el destierro a Egipto, pobre y necesitada en aquel largo camino. Haced, Señora, que sea libre de las persecuciones de mis enemigos, especialmente de los que buscan perder mi alma.

Pater y siete Avemarías.

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Tercer Dolor
La pérdida del Niño Jesús en el templo de Jerusalén durante tres días

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis con la pérdida de vuestro Hijo durante tres días en Jerusalén. Concededme lágrimas de verdadera penitencia para llorar culpas por las veces que he perdido a mi Dios por el pecado y que lo halle para siempre.

Pater y siete Avemarías


V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Cuarto Dolor
El encuentro de la Santísima Virgen con Nuestro Señor Jesucristo,
cargado con la cruz, en la calle de la Amargura


Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al ver a vuestro Hijo con la cruz sobre los hombros, caminando al Calvario con escarnio, baldones y caídas. Haz, Señora, que lleve con paciencia la cruz de la mortificación y de los trabajos cotidianos.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.



Quinto Dolor
La crucifixión de Jesús y su Santísima Madre al pie de la Cruz

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al ver morir a vuestro Hijo clavado en la cruz entre dos ladrones. Haced, Señora, que viva crucificado para el mundo para vencer mis vicios y pasiones.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Sexto Dolor
La Virgen teniendo en sus purísimos brazos el Sacratísimo
Cuerpo de Jesús descolgado de la Cruz

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis al recibir en vuestros brazos aquel santísimo cuerpo difunto y desangrado, con tantas llagas y heridas. Haced, Señora, que mi corazón viva herido de amor y muerto a todo lo profano.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Séptimo Dolor
La sepultura de Jesús y la soledad de la Santísima Virgen

Me compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que padecisteis en vuestra soledad, sepultado ya vuestro Hijo. Haced, Señora, que yo quede sepultado a todo lo terreno, viva sólo para Vos y sienta en mi interior la Pasión de vuestro Hijo y vuestros dolores.

Pater y siete Avemarías

V. Madre llena de aflicción.
R. De Jesucristo las Llagas grabad en mi corazón.


Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubrid mi alma con vuestra protección maternal a fin de que, siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a su amor y obedezca a su divina voluntad. Quiero, Madre Mía, vivir íntimamente unido a vuestro Corazón que está totalmente unido al de tu Divino Hijo. Atadme a vuestro Corazón con vuestras virtudes y dolores y al Corazón de Jesús y protegedme siempre. Para más obligaros os saludo con una Salve Regina








Litaniae Dominae nostrae Dolorum


Kyrie, eleison.
Christe, eleison.
Kyrie, eleison.
Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.
Pater de caelis, Deus, miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi, Deus, miserere nobis.
Spiritus Sancte Deus, miserere nobis.
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis.

Sancta Maria, ora pro nobis.
Sancta Dei Genetrix, ora pro nobis.
Sancta Virgo virginum, ora pro nobis.
Mater crucifixa, ora pro nobis.
Mater dolorosa, ora pro nobis.
Mater lacrimosa, ora pro nobis.
Mater afflicta, ora pro nobis.
Mater derelicta, ora pro nobis.
Mater desolata, ora pro nobis.
Mater filio orbata, ora pro nobis.
Mater gladio transverberata, ora pro nobis.
Mater aerumnis confecta, ora pro nobis.
Mater angustiis repleta, ora pro nobis.
Mater cruci corde affixa, ora pro nobis.
Mater maestissima, ora pro nobis.
Fons lacrimarum, ora pro nobis.
Cumulus passionum, ora pro nobis.
Speculum patientiae, ora pro nobis.
Rupes constantiae, ora pro nobis.
Ancora confidentiae, ora pro nobis.
Refugium derelictorum, ora pro nobis.
Clipeus oppressorum, ora pro nobis.
Debellatrix incredulorum, ora pro nobis.
Solatium miserorum, ora pro nobis.
Medicina languentium, ora pro nobis.
Fortitudo debilium, ora pro nobis.
Portus naufragantium, ora pro nobis.
Sedatio procellarum, ora pro nobis.
Recursus maerentum, ora pro nobis.
Terror insidiantium, ora pro nobis.
Thesaurus fidelium, ora pro nobis.
Oculus Prophetarum, ora pro nobis.
Baculus Apostolorum, ora pro nobis.
Corona Martyrum, ora pro nobis.
Lumen Confessorum, ora pro nobis.
Margarita Virginum, ora pro nobis.
Consolatio Viduarum, ora pro nobis.
Laetitia Sanctorum omnium, ora pro nobis.

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Iesu.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nobis, Iesu.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis, Iesu.

Scribe, Domina, vulnera tua in corde meo, ut in eis legam dolorem et amorem: dolorem, ad sustinendum per te omnem dolorem: amorem, ad contemnendum per te omnem amorem. Respice super nos, libera nos, salva nos ab omnibus angustiis in virtute Iesu Christi.

V. Ora pro nobis, Virgo dolorossisima.
R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

Oremus. INTERVÉNIAT pro nobis, quaésumus, Dómine Jesu Christe: nunc, et in hora mortis nostrae, apud tuam cleméntiam beáta Virgo María Mater tua ; cujus sacratíssimam ánimam in hora tuae passiónis dolóris gládius pertransívit: Qui vivis... R. Amen.

Pater, Salve et Credo ad mentem Romani Pontificis






MISSA SEPTEM DOLORVM BEATAE MARIAE VIRGINIS


Introitus


(Ioann. XIX, 25) STABANT juxta Crucem Jesu mater ejus, et soror matris ejus María Cléophae, et Salóme, et María Magdaléne. Ibid., 26-27 Múlier, ecce fílius tuus: dixit Jesus ; ad discípulum autem: Ecce mater tua. V. Glória Patri. R. Amen. STABANT


Oratio


DEUS, in cujus passióne, secúndum Simeónis prophetíam, dulcíssimam ánimam gloriósae Vírginis et Matris Maríae dolóris gládius pertransívit: concéde propítius ; ut, qui transfixiónem ejus et passiónem venerándo recólimus, gloriósis méritis et précibus ómnium Sanctórum Cruci fidéliter astántium intercedéntibus, passiónis tuae efféctum felícem consequámur: Qui vivis... R. Amen.


Et fit Commemoratio Feriae, juxta Rubricas:

CÓRDIBUS nostris, quaésumus, Dómine, grátiam tuam benígnus infúnde: ut peccáta nostra castigatióne voluntária cohibéntes, temporáliter pótius macerémur, quam supplíciis deputémur aetérnis. Per Dóminum… R. Amen.


Epistola

Léctio libri Iudith (Iudith XIII, 22 et 23-25) BENEDÍXIT te Dóminus in virtúte sua, quia per te ad níhilum redégit inimícos nostros. Benedícta es tu fília a Dómino Deo excélso, prae ómnibus muliéribus super terram. Benedíctus Dóminus, qui creávit caelum et terram: quia hódie nomen tuum ita magnificávit, ut non recédat laus tua de ore hóminum, qui mémores fúerint virtútis Dómini in aetérnum, pro quibus non pepercísti ánimae tuae propter angústias et tribulatiónem géneris tui, sed subvenísti ruínae ante conspéctum Dei nostri.

Graduale

Dolorósa et lacrimábilis es, Virgo María, stans juxta Crucem Dómini Jesu Fílii tui Redemptóris. V. Virgo Dei Génitrix, quem totus non capit orbis, hoc Crucis fert supplícium, auctor vitae factus homo.



Tractus

Stabat sancta María, caeli Regína, et mundi Dómina, juxta Crucem Dómini nostri Jesu Christi dolorósa. V. (Thren. I, 12) O vos omnes, qui transítis per viam, atténdite, et vidéte, si est dolor sicut dolor meus.


Sequentia

STABAT Mater dolorósa
Juxta Crucem lacrimósa,
Dum pendébat Fílius.

Cujus ánimam geméntem
Contristátam et doléntem,
Pertransívit gládius.


O quam tristis et afflícta
Fuit illa benedícta
Mater Unigéniti !


Quae maerébat, et dolébat,
Pia Mater, dum vidébat
Nati poenas íncliti.


Quis est homo, qui non fleret,
Matrem Christi si vidéret
In tanto supplício ?

Quis non posset contristári,
Christi Matrem contemplári
Doléntem cum Fílio ?


Pro peccátis suae gentis
Vidit Jesum in torméntis,
Et flagéllis súbditum.


Vidit suum dulcem natum
Moriéndo desolátum,
Dum emísit spíritum.


Eja Mater, fons amóris,
Me sentíre vim dolóris
Fac, ut tecum lúgeam.


Fac, ut árdeat cor meum
In amándo Christum Deum,
Ut sibi compláceam.


Sancta Mater, istud agas,
Crucifíxi fige plagas
Cordi meo válide.


Tui nati vulneráti,
Tam dignáti pro me pati,
Poenas mecum dívide.


Fac me tecum pie flere,
Crucifíxo condolére,
Donec ego víxero.


Juxta Crucem tecum stare,
Et me tibi sociáre
In planctu desídero.


Virgo vírginum praeclára,
Mihi jam non sis amára:
Fac me tecum plángere.


Fac, ut portem Christi mortem,
Passiónis fac consórtem,
Et plagas recólere.


Fac me plagis vulnerári,
Fac me Cruce inebriári,
Et cruóre Fílii.


Flammis ne urar succénsus,
Per te, Virgo, sim defénsus
In die judícii.


Christe, cum sit hinc exíre,
Da per Matrem me veníre
Ad palmam victóriae.


Quando corpus moriétur,
Fac, ut ánimae donétur
Paradísi glória. Amen.

Evangelium

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem (Ioann. XIX, 25-27) IN illo témpore: Stabant juxta crucem Jesu mater ejus, et soror matris ejus María Cléophae, et María Magdaléne. Cum vidísset ergo Jesus matrem, et discípulum stantem, quem diligébat, dicit matri suae: Múlier, ecce fílius tuus. Deínde dicit discípulo: Ecce mater tua. Et ex illa hora accépit eam discípulus in sua. Credo

Offertorium

(Ier. XVIII, 20) Recordáre, Virgo Mater Dei, dum stéteris in conspéctu Dómini, ut loquáris pro nobis bona, et ut avértat indignatiónem suam a nobis.


Secreta

OFFÉRIMUS tibi preces et hóstias, Dómine Jesu Christe, humíliter supplicántes: ut, qui Transfixiónem dulcíssimi spíritus beátae Maríae Matris tuae précibus recensémus ; suo, suorúmque sub Cruce Sanctórum consórtium multiplicáto piíssimo intervéntu, méritis mortis tuae, méritum cum beátis habeámus: Qui vivis... R. Amen.

Pro Feria:

PRAESTA nobis, miséricors Deus: ut digne tuis servíre semper altáribus mereámur ; et eórum perpétua participatióne salvári. Per Dóminum... R. Amen.


Praefatio de beata Maria Virgine


VERE dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Et te in Transfixione beátae Maríae semper Vírginis collaudáre, benedícere et praedicáre. Quae et Unigénitum tuum Sancti Spíritus obumbratióne concépit: et virginitátis glória permanénte, lumen aetérnum mundo effúdit, Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Caeli caelorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes: Sanctus...


Communio

Felíces sensus beátae Maríae Vírginis, qui sine morte meruérunt martýrii palmam sub Cruce Dómini.


Postcommunio

SACRIFÍCIA, quae súmpsimus, Dómine Jesu Christe, Transfixiónem Matris tuae et Vírginis devóte celebrántes: nobis ímpetrent apud cleméntiam tuam omnis boni salutáris efféctum: Qui vivis... R. Amen.

Pro Feria:


SUMPTI sacrifícii, Dómine, perpétua nos tuítio non derelínquat: et nóxia semper a nobis cuncta depéllat. Per Dóminum… R. Amen.


Evangelium Feriae:

+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Ioánnem (Ioann. XI, 47-54) IN illo témpore: Collegérunt pontífices et pharisaéi concílium advérsus Jesum, et dicébant: Quid fácimus, quia hic homo multa signa facit ? Si dimíttimus eum sic, omnes credent in eum: et vénient Románi, et tollent nostrum locum, et gentem. Unus autem ex ipsis, Cáiphas nómine, cum esset póntifex anni illíus, dixit eis: Vos nescítis quidquam, nec cogitátis quia éxpedit vobis, ut unus moriátur homo pro pópulo, et non tota gens péreat. Hoc autem a semetípso non dixit: sed cum esset póntifex anni illíus, prophetávit, quod Jesus moritúrus erat pro gente, et non tantum pro gente, sed et ut fílios Dei, qui erant dispérsi, congregáret in unum. Ab illo ergo die cogitavérunt, ut interfícerent eum. Jesus ergo jam non in palam ambulábat apud Judaéos: sed ábiit in regiónem juxta desértum, in civitátem, quae dícitur Ephrem, et ibi morabátur cum discípulis suis. R. Deo gratias.