
San Antonio Abad es considerado uno de los patrones de los animales. Se le representa con un gracioso cerdito a sus pies, aludiendo al milagro operado por el santo a favor de unos jabatos nacidos ciegos, cuya madre acudió a él en busca de ayuda y, en agradecimiento, nunca más se separó del bondadoso monje. Algunos han querido ver en el porcino al símbolo del tentador Satanás vencido por san Antonio, contra quien solía mandar piaras de cerdos poseídos. Sin embargo es más amable la primera explicación y da a entender mejor su delicadeza de espíritu. Los santos han sido por lo general benignos con los animales y los han socorrido y amado como a criaturas que también son de Dios. Es de suponer que en el desierto san Antonio, como san Pablo (que recibía su sustento diario de los cuervos), conviviría con varias especies en paz y armonía. Y no se trata de visiones idílicas o arcádicas mezcladas de cierta política verde de moda. El ecologismo bien entendido es perfectamente cristiano.
Podríamos multiplicar los ejemplos, pero baste decir que Dios quiere a todas las criaturas que han salido de sus manos y que seguramente no le gusta que los hijos de los hombres las maltraten. Cierto es que nos las ha dado como ayuda, para nuestro abrigo y sustento; pero por eso mismo debemos ser más delicados en nuestro trato con otros seres que nos procuran el bien. Desde luego, los santos han demostrado su finura espiritual en este sentido, descollando no sólo san Antonio Abad, sino también santa Tecla, santa Gertrudis, san Roque y, sobre todo, san Francisco de Asís, cuyas Florecillas están llenas de episodios que rezuman una gran bondad. Es, empero, en la fiesta del primero, es decir, el 17 de enero, cuando se realiza la bendición de los animales, muy popular en España y también en la América Española. En este los animales de tiro tradicionalmente eran eximidos del trabajo además de ser bendecidos. Gracias a Dios, la bendición del día de san Antón es una costumbre que no se ha perdido, aunque la vida de tráfago de nuestras ciudades modernas imponga muchas limitaciones.
Hagamos bendecir a nuestros animales: ellos son nuestros compañeros y nos aportan mucho, incluso una compañía de la que a veces nos privan nuestros propios congéneres. Tratémoslos bien y cuidémoslos en sus enfermedades y apuros. Son criaturas que dependen de nuestra buena voluntad como nosotros dependemos de la generosa Providencia de Dios. Nosotros somos su providencia: hagamos con ellos lo que quisiéramos que Dios hiciera con nosotros.

1 comentario:
No hay que dejar perder esta costumbre tan bonita, pues el llevar a bendecir a nuestras mascotas es quererlas y encomendarlas al Señor. Acudan con sus mascotas a las iglesias, se les debe de poner un moño con listón. =)
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